Todas las noticias11 de septiembre de 2026

La noche que los Cuervos pisamos el Kukulcán

Perdimos 11-8 contra el equipo administrativo de los Leones de Yucatán. Estrenamos uniforme, jugamos en el Kukulcán y nos fuimos con algo que no cabe en el marcador.

La noche que los Cuervos pisamos el Kukulcán

Hay campos donde uno juega y hay campos donde uno entra. El Parque Kukulcán Álamo es de los segundos.

El jueves 10 de septiembre los Cuervos MDM jugamos beisbol en la casa de los Leones de Yucatán, contra el equipo administrativo de la organización. Perdimos 11 a 8. Lo decimos de frente, porque el marcador es lo único de esa noche que nos gustaría cambiar.

Esa misma noche estrenamos uniforme. Rosa, con flores de cerezo y el escudo de Cuervos de MDM al frente. Lo habíamos visto colgado, doblado, en fotos de grupo. Pero un uniforme no existe del todo hasta que se ensucia, y el nuestro se ensució ahí, en la tierra del Kukulcán.

Del juego cada quien se llevó su recuerdo. Hubo swings que sonaron como deben sonar, roletazos que se fueron por donde no debían, y una barrida en home que levantó una nube de polvo. El receptor aguantó el juego completo debajo del peto, los lanzadores se turnaron la loma, y los que ya llevamos más años que reflejos nos volvimos a acordar de que el beisbol se juega con las piernas. Se nos fue por tres carreras.

Hizo el calor que hace en Mérida a esa hora, del que no se va cuando cae la noche. Se tomó mucha agua entre entrada y entrada. Y en las gradas estuvieron los nuestros: esposas, hijos, padres, hermanos. Uno de los niños tomó su turno al bat con el bat de los grandes, y por un rato largo el juego fue suyo.

Eso es lo que no aparece en el marcador. Para nosotros, que somos peloteros amateur —gente que trabaja toda la semana y se junta el fin a jugar—, pisar el terreno de un estadio profesional de ese calibre es de las experiencias más gratas que hemos tenido. Y no fue solo nuestra: nuestras familias vieron el juego desde las gradas de un parque de verdad, y al final bajaron al campo a tomarse la foto. Esa noche también es de ellos.

Nada de esto se arma solo. Existió porque Jesús Zazueta, compañero de equipo, movió lo que tenía que mover para que un grupo de jugadores amateur entrara a un estadio profesional. No es un favor pequeño y no lo damos por sentado.

También hay que decirlo con nombre y apellido: gracias a los Leones de Yucatán. A los administrativos que se pusieron el uniforme y nos dieron juego de verdad, y a la organización que nos abrió la puerta de su casa. Nos trataron como si fuéramos del gremio. Al final los dos equipos nos formamos para el saludo de manos, que es la parte del deporte que sobrevive al marcador.

Y ya que andamos en confianza: les debemos una. Quedan formalmente invitados a la revancha, donde ustedes digan y cuando ustedes digan. Nosotros ponemos las ganas; ustedes ya pusieron la casa.

Nos fuimos con el uniforme sucio, el teléfono lleno de fotos y la certeza de que haber perdido ahí valió más que ganar en otro lado. Los Cuervos MDM seguimos siendo lo que somos: un equipo de amigos que se junta los fines de semana a jugar beisbol y softbol, y que ama el rey de los deportes. Pero ahora somos un equipo de amigos que jugó beisbol en el Kukulcán.

Si de allá se vuelve a abrir la puerta, aquí estamos. El uniforme ya está listo.

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